Alfa y Omega > Nº 648 > Desde la fe > Punto de vista
Punto de vista
Orgulloso de ser católico
No es fácil ser creyente en los tiempos que corren. El laicismo está consiguiendo su propósito de acomplejar a los católicos, haciendo prevalecer los prejuicios subjetivos sobre las mil y una razones que nosotros tenemos para sentirnos orgullosos.
Las acusaciones sistemáticas contra la Iglesia católica han resultado ser tan corrosivas como inexactas. A mi modo de ver, dos de estas acusaciones nos han impactado con fuerza. En primer lugar, la que presenta a la Iglesia como enemiga del progreso. Hasta los mismos católicos estamos dando muestras de ser muy sensibles a acusaciones como ésta. Incluso los hay que no les importa comprometer su catolicidad, con tal de que su progresismo quede fuera de toda duda. Aparte de otras consideraciones, lo que cabe decir es que el cristianismo no necesita defenderse de este tipo de insidias. Cualquier persona medianamente instruida debería saber que, desde sus orígenes, nuestra fe ha ido acompañada de la razón y de la ciencia, y que desde muy antiguo nuestro lema ha sido: Entiende para que puedas creer, y cree para que puedas entender. Nuestro cristianismo, como bien ha dicho Benedicto XVI, ha sido y sigue siendo una religión ilustrada. Hoy como ayer estamos en disposición de afrontar un diálogo a todos los niveles con el pensamiento laico, como bien quedó probado en el encuentro de 2004 entre, por aquel entonces, cardenal Ratzinger y Habermas, máximo representante de la cultura laica en Occidente.
La segunda acusación que se viene lanzando contra la Iglesia católica es la de ser intolerante, lo que ha hecho que no pocos católicos, conscientes de la incondicionalidad de su fe, se sientan incómodos en una sociedad donde todo es relativo y provisional. ¿Intolerantes los católicos? Yo pienso que, aunque quisieran, los católicos no podrían ser intolerantes en los tiempos que corren. Intolerantes, hoy, lo pueden ser otros. Los católicos nos contentamos con que no se nos excluya y que se nos respete el espacio social que por derecho nos corresponde. Nos conformamos con que se nos permita intervenir, como a cualquier otro ciudadano, en el diálogo sobre la cultura, la familia, la educación y la moralidad, que son del dominio público y que a todos nos incumbe por igual. Nos contentamos con que se respete la liberad religiosa y se nos permita manifestar públicamente nuestra fe. A nadie tratamos de imponerla, pero exigimos que sea respetada por todos, de la misma manera que nosotros respetamos las ideas de los demás. No pedimos privilegios, pero tampoco aceptamos injustas discriminaciones. Y si esto fuera intolerancia, he de decir que yo, como católico, soy un intolerante y he de seguir siéndolo, a mucha honra.
Ángel Gutiérrez Sanz