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Televisión
Michael Jackson murió de pena

Michael Jackson no formaba parte de nuestra familia, pero sí de nuestra vida. Los que pasamos de cuarenta, no podemos hacer recuento de nuestra juventud sin citarlo. Me enteré de su muerte cuando estaba en directo, en el programa Contracorriente, de Popular TV. Tenía a mi derecha a Juan Manuel de Prada que, cuando se enteró de la noticia, se echó las manos a la cabeza y dijo que no se lo podía creer: «Deberíamos hacerle el homenaje de bailar Thriller a diario». Cuando llegué a casa, la única televisión en España que paró su programación para buscar hueco a la noticia fue Tele 5, que entonces emitía Sálvame. Es un programa en el que Yola Berrocal, Belén Esteban y Jimmy Jiménez Arnau rubrican aquello que recientemente ha dicho Chicho Ibáñez Serrador: «La televisión ya no puede reunir a toda la familia». Injusto homenaje el de introducir al rey del pop en un contexto de escandalera. Como también sería injusto hacer el flaco servicio de un recuento somero de sus hits discográficos. Recuerdo el spot de una cadena de televisión norteamericana en la que se resumía, en veinte segundos, la transformación de la cara de Michael Jackson, desde que su padre lo echara al ruedo de las tablas, con cinco añitos, hasta casi la víspera de su muerte. Al final del proceso, aparecen unas palabras sobre negro: Si esto es lo que ha pasado por fuera, ¿qué habrá sido del interior de Michael?
El reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras Ismaíl Kadaré dice que el periodismo, en no pocas ocasiones, emborrona y confunde la ya abundante bruma ambiental, mezclando la verdad con la mentira. Semanas pasarán hasta saber cómo ha muerto Michael Jackson, pero no es difícil barruntar su historial interior. Ningún padre en su sano juicio debería mostrar los dones innatos de sus hijos a todo el mundo, por el hecho de ser de una originalidad sin parangón, como si fuera una cabra de dos cabezas o una seta de metro y medio. Es condenarlo de por vida al agasajo y a la fiesta, pero nunca al encuentro. Cuando Mickey Rourke abandonó recientemente las drogas, dijo que lo pudo hacer porque había encontrado el amigo adecuado, el psicólogo adecuado y el cura adecuado. ¿Quién estuvo cerca de Michael, durante estos cincuenta años, para recordarle que la vida no se juega on stage, sino en los meandros de lo cotidiano? Michael Jackson murió de pena.
Javier Alonso Sandoica
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