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El entorno y la falta de formación, obstáculos para la formación en familia
Padres, también desorientados
La batalla para que los hijos vivan la sexualidad de forma plena empieza en casa, y durante los primeros años. El entorno familiar permite (y pide) hablar explícitamente de sexualidad con la misma naturalidad que se enseña a comer sano, lavarse los dientes y respetar a los demás. Al fin y al cabo, el mensaje es el mismo: Tu cuerpo eres tú y vale mucho, pues te ha de servir para amar y ser amado

Si muchos adolescentes están desorientados, no lo están menos sus padres, y no por falta de interés. Don José Pérez Adán, del Instituto Valenciano de Fertilidad, Sexualidad y Relaciones Familiares (IVAF), ve «más implicación de los padres hoy, porque hay más preocupación, pero, al mismo tiempo, desorientación e indefensión» ante la presión del entorno. Doña Nieves González Rico, de la Fundación Desarrollo y persona, cree que, «a veces, han tirado la toalla. Queremos hacerles sentir que son los protagonistas, confortar la autoridad y autoestima que la sociedad nos está quitando». Basta recordar el folleto que, en el Reino Unido, aconsejaba a los padres, además de proporcionar anticoncepción a sus hijos desde los 13 años, «no intentar convencerles sobre lo que está bien o mal» en materia sexual, sin tener en cuenta que suelen ser más perceptivos a la opinión -y al ejemplo- de sus padres de lo que habitualmente se cree. Una organización antidroga estadounidense afirma que sólo el 16% de los hijos de padres que rechazan claramente el alcohol y las drogas cometerán excesos, frente al 45% de los hijos de padres tolerantes.
Otros padres -continúa- «se echan para atrás porque, en esta sociedad de expertos, sienten que no lo son. Pero pueden responder a la mayoría de preguntas que hacen los chicos». Para el señor Adán, la clave de todo es la formación de los propios padres, por lo que, aunque fundaciones como Desarrollo y persona y Gift & task (Don y tarea) combinan su trabajo con adolescentes con otros para padres, el IVAF se dedica exclusivamente a los progenitores y educadores con su programa SABE (Sexualidad Adolescente Básica para Educadores), pues «lo normal es que sean los padres, ayudados por la escuela, los que impartan la educación de la sexualidad». El curso pretende «dotarles de conocimientos, recursos y metodología adecuados para transmitir a sus hijos y alumnos la ciencia y la conciencia apropiadas para descubrir y valorar su sexualidad desde la óptica de la dignidad y la trascendencia del ser humano». En nueve años, unas 5.000 personas de 20 países han hecho ya este curso, que se imparte de forma presencial (en Valencia y Madrid) y a distancia. Don José anima a todos los padres preocupados a tomarse en serio y formarse en estos temas, «lo cual implica reflexionar sobre si ellos mismos entienden y viven la sexualidad» como pretenden transmitir. Con todo esto «podrían tener la batalla ganada».
En casa todo se puede contar
El programa SABE incluye el módulo SABE Infancia, parte de cuyos contenidos se recogen en el libro Educación de la sexualidad para el amor (ed. EIUNSA). También doña Nieves, en su libro Hablemos de sexo con nuestros hijos (ed. Palabra), plantea, por ejemplo, la relación de apego de los bebés, o el proceso de quitar el pañal, como oportunidades de que los niños empiecen a comprender la dignidad de su cuerpo para, a partir de ahí, introducir otros temas: «Nunca es demasiado pronto, y generalmente es un poco tarde. El diálogo se asienta en la primera infancia, la infancia tranquila, y a muchos padres se les escapa». A quienes piensan que es precipitado, les recuerda que el entorno sí está haciendo un trabajo implícito y explícito y, si los padres no hacen nada, «se lo van a encontrar hecho».
En casa, la educación para el amor y la sexualidad, implícitamente, forma un conjunto con otra serie de enseñanzas: «Como el cuerpo tiene un valor, lo cuidamos y vestimos, lo alimentamos bien, lo lavamos, cuidamos sus horas de sueño. Y no vemos programas de cotilleo, no nos metemos con los demás y aprendemos a quién contamos las cosas y a quién no, porque la intimidad es importante». Todas estas virtudes son, según don José, «claves para una formación integral, de aptitudes y actitudes». Otro elemento importante -añade- es saber usar e interpretar los medios de comunicación.
Esta formación transversal no excluye, sin embargo, hablar de forma explícita sobre sexualidad: a nivel sencillo, partiendo de las preguntas de cada edad o de situaciones cotidianas como el nacimiento de un primo o hermanito, la pareja que se besa por la calle o lo que oyen a un compañero de colegio. Eso sí, sin abandonar nunca el sentido profundo. Por ejemplo, «no explicarles sólo -recomienda González- que tienen una erección porque el pene se llena de sangre, sino enseñarles que su cuerpo se está preparando para, algún día, poder amar a alguien con todo su corazón y con todo su cuerpo».
Otro momento en el que es fundamental la familia es cuando, a pesar de todo, se equivocan -«algo que no podemos evitar», subraya esta doctora-. Para eso, es fundamental «la experiencia bellísima del perdón en familia», y que hayan aprendido que «en casa todo se puede contar».
M.M.L.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid