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Ha pasado unos días en el valle de Aosta; Benedicto XVI está ya en Castelgandolfo
El descanso del Papa

Momento de sus vacaciones en el valle de Aosta, paseando
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La fractura de la muñeca derecha, que sufrió Benedicto XVI el pasado 17 de julio ha variado sensiblemente la planificación de trabajo y veraneo que tenía previsto el Papa para este año. Sin embargo, según la última revisión, realizada junto a su residencia del Valle de Aosta, en Les Combes de Introd, la lesión evoluciona favorablemente, tal y como se tenía previsto. Una lesión que, por cierto, sobrelleva con «gran serenidad y paciencia», según todos los que han compartido estos días a su lado, y por la que ha recibido la cercanía y la adhesión del rey de España, así como del cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco Varela, y de sus obispos auxiliares.
De esta manera, las tranquilas (sólo entre comillas) vacaciones del Papa en el chalet de la colonia salesiana del pueblo de los Alpes han transcurrido entre los paseos después de comer y a última hora del día, en los que nunca han faltado encuentros y pequeñas charlas con los habitantes de los pueblos, mayores y pequeños, de los alrededores; las celebraciones; y el trabajo, que ahora, al no poder escribir, realiza gracias a una grabadora en la que dicta sus reflexiones personales.
Entre otras celebraciones, Benedicto XVI ha presidido la oración de Vísperas en la ciudad de Aosta, a la que acudieron unas 400 personas, sacerdotes, religiosos y religiosas, y dos representantes laicos de cada parroquia del lugar. En su homilía, el Papa, sin papeles, habló de Dios como la brújula que nos orienta, «el amor que nunca abandona» y el «custodio de nuestro amor y nuestra libertad».
Más de cinco mil personas se reunieron, también, el pasado domingo, festividad de San Joaquín y Santa Ana, en la pradera de la residencia alpina del Papa, para el rezo del Ángelus. Benedicto XVI pidió oraciones para los abuelos que, «en la familia, son los depositarios y con frecuencia los testigos de los valores fundamentales de la vida». El Papa no quiso dejar de recordar «a todos los ancianos, en especial a aquellos que se encuentran más solos y en dificultad».
Durante sus días en los Alpes, Benedicto XVI ha mantenido frecuentes conversaciones telefónicas con su hermano, con el que se ha reunido ya en la residencia veraniega de Castelgandolfo, donde permanecerán cuatro semanas.
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