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España asediada
Desde la política, la cultura y los medios de comunicación hay en marcha toda una ofensiva para alterar profundamente la realidad de España. El laicismo, la degradación de la familia, o el cuestionamiento de la unidad no son sino distintas facetas de este proyecto
Un momento de la intervención
de don Alfredo Dagnino
La Asociación Católica de Propagandistas ha dedicado su Curso de verano a debatir sobre Ángel Herrera Oria y la España necesaria, celebrado la semana pasada en el Seminario diocesano de Monte Corbán, de Santander. La necesidad de un nuevo impulso regeneracionista, como el que protagonizó el Siervo de Dios en otros tiempos, tan difíciles o más para España, recorrió el Curso de principio a fin. En la clausura, el Presidente de la ACdP y de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, don Alfredo Dagnino, alertó sobre la degradación de las instituciones, el socavamiento de la familia o la instrumentalización de la educación para fines políticos e ideológicos. Todo ello -añadió-, está íntimamente unido a una crisis nacional. La superación de la crisis pasa, por tanto, por «recuperar la idea de nación y de unidad» de España, menoscabada por los nacionalismos y por los actuales prejuicios de la izquierda.
El señor Dagnino no dudó en hablar de una auténtica obra de ingeniería genética social. El abogado del Estado Jesús Trillo explicó cómo opera este cambio, apoyado en el positivismo jurídico, según el cual «los derechos no corresponden a una naturaleza», puesto que «no hay más naturaleza que la que construye el Derecho, el Estado o el pacto social». Pero para salvar las múltiples contradicciones que genera este proceso, es preciso un enemigo, y, a ser posible, uno que no pueda defenderse: Francisco Franco. Quien osa cuestionar los revolucionarios cambios que es están llevando a cabo en España, y defiende la necesidad de preservar y conservar distintas realidades e instituciones, es inmediatamente identificado con el anterior régimen, como expuso el historiador José Manuel Cuenca Toribio.
El meollo de esa ofensiva tiene un marcado cariz religioso, o mejor dicho, antirreligioso. Se trata de un error, denunciado en la inauguración del Curso por el obispo de Tarazona, monseñor Demetrio Fernández, que presupone que uno tiene que «dejar de lado la fe para ser buen ciudadano». El obispo respondió que «Dios no es enemigo del hombre». Todo lo contrario, hasta el punto de que «la criatura sin el Creador desaparece». La amenaza es justamente la contraria de la que señala el laicismo, y consiste en creer que no hay referencia superior al Parlamento, «paso previo al totalitarismo».
El laicismo agresivo no es un fenómeno exclusivamente español, pero opera aquí con especial virulencia. El periodista y escritor don José Javier Esparza y el director del semanario Alba, don Rafael Miner, coincidieron en resaltar este punto. Prescindir del cristianismo es quedarnos «sin cultura española», dijo Esparza. Se entiende así que quienes pretenden acometer una profunda revolución social y cultural dirijan contra él sus ataques. Al mismo tiempo, como expuso el señor Miner, se intenta crear un nuevo marco ético, con pretensiones universales, en el que no hay sitio para ningún principio inmutable.
R.B.