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«Casi todas las grandes películas que han situado a Dreyer en la cima del arte cinematográfico han estado inspiradas, de una u otra manera, por el proyecto no cumplido de su Jesús de Nazaret», escribe Pedro Rodríguez Panizo en su presentación a este libro de Carl Theodor Dreyer, Jesús de Nazaret, que acaba de editar Sígueme. Poco después de terminar su obra maestra, La pasión de Juana de Arco (1928), verdadera figura de la Pasión de Cristo, el director danés imaginó que, de los evangelios, podía salir una película espléndida y, como él mismo reconoce, fue unos días después de la invasión de Dinamarca por los nazis, el 9 de abril de 1940, cuando se le ocurrió la analogía de esta dramática situación con la de Palestina en tiempos de Jesús. Diversas vicisitudes le impidieron realizar el sueño de esta película con la que el genial director estuvo ilusionado hasta su muerte. Estas 250 páginas no son otra cosa que el guión cinematográfico de la película, que termina con la sombra de la cruz, mientras el narrador nos dice que la buena noticia inmortal del amor y la caridad llegó a los hombres de todo el mundo. Otras dos obras maestras de Dreyer, Ordet (1954-55) y Gertrud (1964), hacen pensar que esta película soñada y no realizada podría haber sido muy bien la película definitiva sobre el Evangelio. Cierran este volumen tres breves ensayos en los que Dreyer ofrece su propia visión de la muerte de Jesús, así como consideraciones en torno al arte en general y al cine en particular.

Cursillos de Cristiandad, de Huelva, ha publicado la segunda edición de Lo que mis ojos han visto, del sacerdote don Francisco Girón Fernández, figura muy querida en toda Andalucía por su gran labor pastoral y social, y su compromiso con los pobres y enfermos. Ordenado sacerdote en 1963, su muerte, el pasado mes de enero, causó un fuerte impacto en toda Andalucía, que ya le había concedido su Medalla de Oro en 2008. Estas páginas cuentan la vida y la obra de este ejemplar sacerdote onubense, cuya Causa de beatificación ya ha sido incoada. También escribió otro libro titulado Los santos, mis amigos, y desde el principio de su sacerdocio tuvo una plena dedicación a los Cursillos de Cristiandad. Como escribe el autor en el prólogo a esta 2ª edición, «el sacerdocio da la felicidad más auténtica». Estas páginas son la confesión de fe de un creyente y llegan en un momento particularmente oportuno para la Iglesia en toda España, que, siguiendo las indicaciones del Papa, celebra el Año Sacerdotal.
M.A.V.