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No es verdad
Ramón, en La Gaceta
El humorista Ramón dice que no lo sabe, pero parece ser que el CIS sí lo sabe, y acaba de informar que Zapatero cada vez representa a menos españoles; de todos modos, basta echarse a la cara el periódico del día o escuchar una emisora de radio o de televisión, o darse un paseo por la red, para comprobar que, inexplicablemente, todavía son demasiados. Se pregunta mucho la gente sensata, y con razón, si lo que ha pasado para que, por primera vez, el CIS dé al PP por delante del PSOE en las encuestas de voto es que el PP gana o que el PSOE pierde, y parece ser que los tiros van por esto último. Para decirlo todo, la mejor frase que ha dicho Rajoy desde que le conozco es ésa de que Moratinos es el primer ministro de Asuntos Exteriores español que hace una visita oficial a su país (Gibraltar).
Medio millón de familias españolas en paro no percibe ya ningún tipo de subsidio; según los datos oficiales, que ya sabe usted que son creíbles de aquella manera, el paro se sitúa ya en los 4,13 millones de españoles, y todo parece indicar que, desgraciadamente, la cosa no va a quedar ahí. Hay 50.000 familias españolas -que se dice pronto- en las que no trabaja ninguno de sus miembros, y el señor Rodríguez Zapatero se reúne con la CEOE y con los sindicatos para ver si puede hacerse una foto electorera antes de las vacaciones; engola la voz ante los micrófonos de la tele para mostrar su teatral indignación y asegurar que está con los más necesitados. Oigan: ZP ama tanto a los pobres que los crea a millones, al ritmo de 150.000 al mes, y no le da la gana de hacer lo que los economistas más solventes dicen que hay que hacer urgentemente, precisamente, para que haya menos necesitados en la sociedad española. ¡Cómo le va a decir nadie a él lo que tiene que hacer! El 26% de los españoles no veranea este verano; el 33% se plantea cambiar sus planes y recortar gastos. Y, mientras tanto, el Presidente de la Generalidad y los del tripartito catalán, que no quieren saber nada de España menos a la hora de cobrar, dicen que «España ha saldado una deuda con Cataluña». Si usted se toma la molestia de darse una vuelta por España, por el pueblo que quiera, y pregunta cuál es la deuda que España tiene con esa región suya que es Cataluña, a lo mejor se troncha de risa la gente, porque de lo que están convencidos es exactamente de lo contrario. Estos maestros redomados en darle la vuelta a la realidad, que son los de la propaganda socialista, que intentan convencer al personal de su ingeniería social -esa que quiere darle la vuelta a la sociedad española como si fuera un pañuelo sucio, y cambiar la familia, y el matrimonio y la educación y el respeto a la vida y el amor a los mayores-, tienen que saber que esa ingeniería les dará votos, pero nunca razones ni dignidad. Es probable que la razón y la dignidad les traigan al fresco, pero a la gente decente no, y por mucha ingeniería social que le echen al asunto, produce los efectos morales que produce, y antes o después -aunque, la verdad, aquí está tardando bastante- la tozuda realidad pasa factura. Como dice una señora mayor en un anuncio de televisión estos días: Vosotros, lo que tenéis es una cara...
Los periódicos del régimen, ante el empate tras el voto del Consejo General del Poder Judicial sobre la infame ley del aborto que proyecta el Gobierno, salen diciendo, a toda portada, que lo del señor Dívar, Presidente del Consejo y del Supremo, es ideología católica. Oigan: y lo suyo, ¿qué ideología es? ¿O es que los de su ideología sí tienen derecho a votar, y los de la ideología católica no? Dice El País que Dívar apela a sus creencias; eso lo dicen en portada, y en la página 36 informan textualmente de que «Dívar no hizo ninguna manifestación sobre la ley en el pleno. Se limitó a sumar su sufragio a los de los 9 vocales conservadores». O sea, que no apela a nada, aparte de que el señor Dívar jamás ha ocultado ni ocultará sus creencias, y Zapatero las conocía perfectamente cuando le nombró.
Los medios aconsejan libros para leer en los próximos días de vacaciones. Yo les recomiendo la lectura, sólo un par de minutos cada día, de un libro, después de haber leído el periódico: el Evangelio, y aplíquenlo a la realidad. ¡Feliz mes de agosto!
Gonzalo de Berceo