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Punto de vista
¡No abusemos de los abuelos!
«Amamos las catedrales antiguas, los muebles antiguos, las monedas antiguas, las pinturas antiguas y los viejos libros, pero nos hemos olvidado por completo del enorme valor moral y espiritual de los ancianos» (Lin Yutang).
Acabamos de pasar el día 26 de julio, festividad de San Joaquín y Santa Ana, en la que celebramos el Día de los abuelos. Pienso que esta fecha nos debería llevar a defender y favorecer su autonomía, que bien se la han ganado, y a no abusar de su tiempo y aficiones para beneficio propio. Y es que los abuelos del siglo XXI ya no son como los de antes. Tienen su propia vida, una vida más dinámica y autónoma, son independientes económicamente, viven preocupados por su salud y su bienestar, y tienen su vida llena de nuevas inquietudes culturales, sociales y laborales. Y eso, sin menguar ni un ápice su maravilloso apoyo a nuestras vidas, sabiendo de su disponibilidad para darnos consejos, prestarnos ayuda para ser mejores, interesarse por nuestros problemas, estar pendiente de nuestras necesidades, ofrecernos complicidad....
Pero muchas parejas jóvenes se han acostumbrado, unas veces por necesidad y otras muchas por comodidad, a que sean los abuelos los que ejerzan de padres y madres de sus nietos, que sean canguros de los pequeños y sus compañeros de juego. A pesar de que tenemos la certeza de que ellos siempre están dispuestos a prestarnos ayuda, la calidad de vida de una familia no puede apoyarse en la utilización de los abuelos. Debemos acudir a ellos sólo en caso de extrema emergencia; así, evitaremos en gran medida las quejas y la confusión sobre el rol que se espera de ellos, sobre las ideas distintas en la educación de los niños y los celos que muchos padres sienten ante la devoción de sus hijos hacia los abuelos.
Es verdad que los abuelos juegan un papel muy importante en la vida de los nietos. Pero, ¡no abusemos de ellos, por favor! Para que esto no ocurra, no estaría de más recordar que el verdadero papel del abuelo es ejemplo y transmisor de valores; vínculo entre las generaciones haciendo de historiador de anécdotas familiares; lazo de unión, estabilidad y protección; modelo de serenidad ante el envejecimiento; paño de lágrimas cuando el niño y/o los padres están tristes. El abuelo es la persona perfecta para ejercer de negociador entre padres y nietos, ya que su experiencia puede ayudar en los momentos de crisis familiar.
Recuerden: los padres somos los modelos de referencia en la educación de nuestros hijos. No carguemos esa mochila a los abuelos. Ellos sólo tienen que llenar la casa de paz, conciliación y estabilidad, aconsejando y apoyando a sus hijos en la educación de los nietos.
Remedios Falaguera