Alfa y Omega > Nº 652 > Desde la fe
Guerra total contra la familia
El filósofo y propagandista don José Luis Gutiérrez inauguró unas recientes Jornadas sobre Bioética y familia, en la Universidad CEU San Pablo, con una charla sobre La gran operación contra la familia. Hay una estrategia -advierte- perfectamente definida al servicio de la cultura de la muerte. Éste es un resumen de su intervención:

La guerra contra el matrimonio y la familia es total. La Segunda República, por ejemplo, atacó al matrimonio con el divorcio, pero no cuestionó que se tratara de una unión entre un hombre y una mujer. Era una batalla parcial. En estos momentos, el laicismo se considera capacitado para lanzar a todo su cuerpo de ejércitos contra el matrimonio y la familia. Por eso, la nueva morfología de la familia, el aborto, la eutanasia... Se trata, en definitiva, de crear una sociedad nueva, con una mentalidad nueva, reducida la Humanidad a una masa de aborregados para gobernarla.
La extensión del aborto y el control de la población son claves en esa estrategia. En la Conferencia de El Cairo I y II confluyeron en esa línea dos corrientes poderosas: el Partido Demócrata, que gobernaba entonces -como otra vez ahora- en Estados Unidos, y el Fondo de Población de la ONU. Con ellos se alinearon los movimientos ecologistas. La Secretaria de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo, una musulmana iraní, dijo lo siguiente: «El programa de acción aprobado tiene potencia suficiente para cambiar el mundo».
¿Qué argumentos utilizan los promotores del control demográfico? Son tres: el crecimiento demográfico imparable; el deterioro del medioambiente; y la escasez de recursos en el planeta.
Mentiras que se repiten
El comandante Cousteau dijo que la cifra de habitantes de la tierra no debía pasar de 2 mil millones (por supuesto, él se incluía dentro de ese cupo). En 1970, Rockefeller III manifestó que, entre los problemas más importantes del mundo, el crecimiento de la población es el segundo, tras las armas atómicas. Y en los años 90 del pasado siglo, Al Gore, entonces Vicepresidente de Estados Unidos, en la Conferencia de El Cairo, dijo que el peligro del cambio demográfico es comparable a la proliferación nuclear...
Es cierto que, de 1825 a 1925, la población del mundo se duplicó. Y que desde entonces, hasta finales del pasado siglo, volvió a más que duplicarse. ¿Pero se está cumpliendo la amenaza del crecimiento imparable? La propia ONU ha comprobado que el impulso de crecimiento ha decrecido notablemente. El problema ahora es que, en decenas de países, no se logra el reemplazo generacional. Pero aunque no fuera ése el caso, se ha demostrado que la tierra tiene hoy capacidad suficiente para sostener y alimentar a una población 7 veces superior a la actual. Lo que hace falta es que la política se ponga al servicio de la población humana.
En cuanto al deterioro del medioambiente, los ecologistas insisten en atribuir todos los problemas al crecimiento de población. Pero si reuniéramos físicamente a todos los seres humanos, cabríamos en la superficie del Estado de Texas. En cierto modo, la tierra es un planeta un tanto deshabitado. Es verdad que se están haciendo barbaridades en el Amazonas, pero se exageran los datos de forma catastrofista. Desde la ONU, se dice que cada año se talan 11 millones de hectáreas en 72 países tropicales, cuando, según la FAO, en estos países el patrimonio forestal es de 2 mil millones de hectáreas...
Y en cuanto a la escasez de recursos alimentarios y minerales, es obvio que no son ilimitados. La cuestión es si son suficientes. Y la Historia demuestra que la Humanidad ha sabido encontrar siempre recursos nuevos para los aumentos de población. Y si vemos los progresos realizados en la reducción de la pobreza en el siglo XX, son impresionantes. En los últimos 50 años, la pobreza ha retrocedido más que durante los cinco siglos anteriores.
¿Qué ocurre entonces? La gran operación antinatalista se basa en argumentos falsos. Pero no esperen que la prensa hable de estas cosas. Hay importantes intereses económicos y políticos en juego.
¿No vamos a hacer nada?
¿Cómo hemos podido pasar en España de una etapa de signo católico a otra como la actual? ¿Había entonces ya gérmenes que contenían este desarrollo posterior? Creo que, además, ha venido una avispa de afuera y nos ha inoculado un virus nuevo... Los hombres solemos bastarnos a nosotros mismos bastante bien para hacer cosas malas, pero me da la impresión de que esta ofensiva tan calculada, tan perfectamente definida, tan generalizada... debe tener alguna inspiración diabólica. Tampoco olvidemos que la globalización permite que un pequeño grupo domine el mundo entero. Estoy convencido de que muchas medidas que padecemos y el cambio climático que sufrimos en lo moral obedecen a pautas ordenadas por sociedades secretas.
Se avecina una época más difícil todavía, pero no debemos tener miedo, porque Él está con nosotros. No estamos solos. Pero, ojo. Pablo VI dijo que el humo de Satanás se había infiltrado en el seno de la Iglesia. Y si ha podido infiltrarse en la Iglesia, ¡cómo será su presencia en el mundo!
Pío XI, consciente de lo que se nos venía encima, organizó la Acción Católica para hacer frente a la ofensiva que sufría la Iglesia. Hoy, hay otros movimientos, pero falta firmeza. El avance del mal se debe a la indolencia del bien, porque los buenos no quieren combatir ni sufrir. Pero no podemos vivir como si no pasara nada; comportarnos como si no estuviera ardiendo la ciudad. La guerra es total.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid