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La prostitución, otra vez a debate
¿... Y quién se preocupa por ellas?
En general, son tratadas como delincuentes, y tan sólo sus sombras dibujadas en el asfalto por las luces de las farolas nocturnas son motivo para cambiar de acera, para provocar en algunos las bromas fáciles, las muecas desagradables, quizá los insultos. Sin embargo, las prostitutas son, casi siempre, las víctimas

A nadie le gusta que se ejerza la prostitución debajo de su casa, porque atrae a la delincuencia, porque se producen escenas desagradables, porque dan mala imagen, algo que ha sido portada de periódicos y telediarios en los últimos días, debido a las protestas de vecinos en ciudades como Barcelona o Madrid. La coyuntura se ha aprovechado, como siempre, para lanzar al aire debates como la legalización de la prostitución, y sobre la conveniencia, o no, de valorar con criterios morales el comercio del sexo.
La Iglesia es pionera en el cuidado y acompañamiento de las mujeres prostitutas, algo que viene haciendo desde hace siglos. Y lo sigue haciendo actualmente en las diócesis españolas, combinando la tarea de comunidades religiosas y la labor de Cáritas, mediante Casas de acogida, centros de atención, talleres de promoción, acciones de sensibilización, denuncia, etc., tanto a nivel nacional como internacional.
El trabajo con las mujeres prostitutas es, por otro lado, fundamentalmente, de acompañamiento. «Nosotros nos ocupamos de acompañar a estas mujeres, que están en una situación de riesgo tal, que no siempre tienen fácil la elección de abandonar la prostitución», afirma doña María Ángeles González, responsable de proyectos de mujeres de Cáritas Española. «Nuestra labor -continúa- es estar a su lado, y desde ahí ver qué opciones hay para que salgan adelante».
¿Cómo son estas mujeres? En general, todas tienen en común unas historias individuales llenas de violencia, abusos, desconfianza y poca autoestima, miedo y falta de oportunidades. Para la responsable de proyectos de mujeres, de Cáritas hay varias constantes que se repiten en todas ellas: «Un perfil de mujer emigrante, que proviene de países en vías de desarrollo; y dependiendo de las provincias en las que se encuentren, son de un lugar u otro. Después, están los problemas físicos y psíquicos que conlleva el ejercicio de la prostitución. Son todas ellas mujeres muy machacadas, objeto de todo tipo de enfermedades venéreas, heridas...; y psicológicamente, son el resultado de una explotación, una esclavitud. Además, está el problema residencial. Estas mujeres nunca tienen dónde quedarse, viven hacinadas, sin una vivienda digna, siempre de paso..., una inestabilidad terrible que se une a sus problemas mentales y físicos».
¿Condiciones laborales en la calle?
La Fundación Amaranta es una organización sin ánimo de lucro, creada por las religiosas Adoratrices, con el fin de cohesionar su obra social. Su carisma es la atención y la acogida a mujeres en contextos de prostitución, trata o exclusión social, algo que llevan haciendo desde hace más de 150 años. Su directora, la Hermana Pilar Casas, está convencida de que, «de una u otra forma, lo que conocemos de la prostitución es que produce daño en las mujeres que la ejercen y en sus familias, y aunque ellas son perfectamente conscientes de su sufrimiento personal, muchas veces no tienen otra salida que continuar».
Alguno de los mitos que se manejan cuando se habla en la calle sobre la prostitución es la apelación a la libertad de la persona, y al hecho de que se trata del oficio más antiguo del mundo. ¿Libertad? «Tendríamos que discutir -explica la Hermana Pilar Casas- qué significa la prostitución consentida. Personalmente, no he conocido a ninguna mujer que esté ejerciendo la prostitución que no lo haga movida por una situación de necesidad urgente y grave. Por otro lado, la prostitución de lujo (yo no sé dónde está el lujo) no lo es tanto. He conocido a mujeres en clubs lujosos, y no revelan su tipo de vida. Llevan una vida oculta». ¿Un oficio? «Hablemos del cliente -explica-, del tipo de persona que efectúa la demanda de sexo. ¿Realmente se dan unas condiciones laborales justas? No todos los clientes son iguales. Algunas mujeres relatan agresiones físicas, psíquicas; otras, prácticas de sexo a voluntad del cliente, vejaciones, encierros... Otras hablan de unas condiciones de vida por debajo del límite de lo tolerable humanamente. Hablemos de los derechos de las mujeres que están en las calles, el 90% extranjeras, sin documentación, con pocos recursos y en paro. Hablemos de las redes de delincuentes que controlan y venden a mujeres: se trata de la mercantilización, de la compra y venta de lo único que algunas tienen, su cuerpo».
En definitiva, explica la Hermana Pilar, «las Congregaciones religiosas, Cáritas y otras organizaciones dentro de la Iglesia les ofrecen a estas mujeres un lugar donde poder defender sus derechos fundamentales, posibilitando espacios para mejorar sus condiciones de vida, a través de casas de acogida, centros de atención y escucha, acompañamientos personales, atención psicológica y física y, sobre todo, una mano amiga llena de respeto y atención».
A. Llamas Palacios